miércoles, julio 18, 2007

miércoles

*Salgo del laburo y llamo a mis viejos por el telefonito: da ocupado. Pruebo con mellizo Lado b, lo mismo. Mellizo Lado a sí me atiende y hablamos un rato largo. Me cuenta que están todos en casa: Lado b lee el libro que le presté en el living, cerca de la chimenea; Madre cocina escones; Padre hace algo en el jardín; Lado a, mientras habla, sigue a Benja, el hijito de la Colo, que circula por toda la casa y que no se lleva muy bien con las perras y los cachorros. Yo camino por la vereda de los números pares de la avenida más ancha del mundo. Y me imagino las situaciones que me llegan al oído vía onda celular.
Dos jóvenes de identidad indefinida pero gestos sospechosos se interponen en mi camino. Yo hablo, sigo mi ruta, no los miro. Le pido a Lado a que me pase con Lado b, para preguntarle cómo va con el libro. Los dos chicos me detienen. Uno, el de la izquierda, con una mano sostiene mi mano que sostiene el teléfono; en la otra, empuña un objeto contundente, un elemento de corte, o tal vez sólo el dedo índice tieso que apoya con cuidado sobre mis músculos intercostales. No importa si es un dedo, una faca o una nueve milímetros, el efecto es el mismo. Me dice: "dale, pibe, largá el celular". El otro asiente. Yo le digo al que me amenaza, pero lo suficientemente fuerte como para que el asentidor también escuche: "soltá, flaco, qué te pasa", como poseído de repente por el espíritu de he-man. El que me amenaza con el objeto contundente y que además sostiene mi mano que sostiene el celular dice: "eh, bueno, pibe, todo piola, no te pongás así". Y me suelta. El otro vuelve a asentir. Las personas que caminan a mi lado con sus preocupaciones a cuestas no tienen tiempo para ser testigos presenciales de otro asalto. Dejo a los cacos atrás, mi mano sigue sosteniendo el celular y escucho a Lado b que me dice: "no te oigo bien, estás ahí".
Es mientras le cuento lo que me acaba de suceder que mis piernas y mis brazos se ponen a temblar. No miro para atrás, el teléfono es mi anteojera: sólo veo el piso y los mosaicos de la vereda y mis zapatillas con los cordones desatados.

*Leer mientras uno camina tiene tres problemas: a) los postes, b) los transeuntes, c) los soretes de perro. Quitando de en medio estos tres obstáculos nos queda una actividad muy grata, que casi empata con caminar escuchando el walkman.

*No llovió.

6 comentarios:

aye mereb dijo...

chino! fiuuú!!!

eleonora dijo...

Sos una masa, F! Gran conocedor de música. Gran sabiondo de bases en serie (de Dylan a Beck).


Un gusto conocerlo, amigo.

Besos!

Esta soy yo. La de abajo soy yo.

Anita dijo...

Los jueves tampoco llueve.

Esta soy yo. La de arriba soy yo.

tr. dijo...

bueno, listo. Me acabo de dar un panzazo de Un piso. Empecé por los últimos, después me fui a los comienzos de este año. En algún momento comencé a negociar conmigo misma: "este es el últino"... "este mes y ya está"... como al comer un chocolate de a cuadraditos para acabar alisando el papel envoltorio.
Muy rico, che.
Un golazo

Acercandra dijo...

muy bueno muy F.

elterry dijo...

Un comentario que reune las dos situaciones.
Cuando lees mientras camina, también te pueden robar el celular, y para cuando te das cuenta el que te lo afano ya ni se ve...

Si, me robaron el celu, y que.