miércoles, octubre 18, 2006

lucho y vuelve

Madre, vía chat, me cuenta que está en mi casa de allá lejos tomando mate con lucho merino. Frente a la computadora me sale una sonrisa, y le digo –le escribo– que lo salude de mi parte.
–pensé que no te acordabas de él –dice madre.
–cómo no acordarme –respondo, misterioso.

Tenía alrededor de diez años cuando me enteré de la existencia de lucho merino. Por esa misma época en el pueblo –diría barrio, pero no es correcto– hubo conmoción y rumores, desmentidas y corridas. Y se debían a lucho.
Los merino, paisanos hechos y derechos, de esos que visten bombachas y boina, calzan botas de cuero y huelen a capón, vivían arriba del cerro mocho, al costadito del cerro el pato, que bien podría formar parte de la cadena del piltriquitron, pero no tengo los datos precisos que lo afirme.
Para llegar a su campo había que subir por la montaña un buen rato. El ascenso comenzaba por “la sombra”, que es como los valenzuela llaman a su campo, una parcela a la que nunca le pega el sol, a la vera de la ex ruta 258, actual ruta 40.
Las veces que subí a lo de los merino fue siempre a caballo. Coirón, el malacara, e inacayal siempre iban adelante, briosos, excitados, escarbando con los vasos la tierra negra cubierta de pinocha color óxido.
Llegado un momento el paisaje cambiaba: del bosque de pino al de los coihues imponentes, verdes y llenos de olor a vida, o algo parecido.
Y de repente, más arriba, el llano. Y al fondo, la casa de los merino: oscura y apestando a humo, a frito y a yerba usada.
En lo de los merino una vez hubo señalada. Los gauchos llegaron de toda la zona: de cholila y del maitén, de bariloche y de manquinchao; los caballos desfilaban con las mejores pilchas; sus jinetes, también. A lo lejos, cerca de la casa, se asaban dos bueyes, con cuero y sin yunta. En un costado jugaban a la taba, en otro galopaban e intentaban darle a la sortija.
Por ahí se paseaba orgulloso entre tanta vaca y tanto vino el papá de lucho, que se llamaba ambrosio. De la madre no me acuerdo el nombre, pero era chiquita, tenía el pelo blanco y le faltaba un ojo –esas cosas no se olvidan.
El ojo se lo había sacado ambrosio merino, nos enteramos más tarde.
Ambrosio merino la golpeaba, nos enteramos ese mismo día.
Lucho merino no soportaba que el padre golpeara a su madre.
Lucho merino cargó el colt .45, y lo descargó sobre su padre.
Se entregó solo a la policía, que lo traslado a esquel. Allí, en el penal, pasó algunos años purgando la pena, pensando en su madre bizca y golpeada, en su padre golpeador y muerto.

Hoy pasó a tomar unos mates con madre.
Cómo no me voy a acordar de lucho.


----
Actualización
hermano me avisa vía mail desde la casa en la que llueve adentro:

lucho nos pintó la casa hace un par de años y en el descanso hablaba de futbol con el tincho, de deté a deté.
otro dato. pol llevó el cuerpo de merino padre, en la efecien.
otro dato. merino lucho le había dicho: "che pol, ¿no alcanza a mi viejo al pueblo?"

Actualización II
padre me avisa vía chat desde la casa de allá lejos:
no era la efecien, era la renó 12 brec azul, novísima. Tuvimos que acomodar el cuerpo de merino padre entre los dos asientos de adelante, yo le daba charla, me hacía el malo con el gaucho malo, él, nada.

1 comentario:

fh dijo...

cómo olvidarse de lucho, ahora pintor, que una vez libre se dedicó a entrenar a un equipito de fútbol de chicos de seis años, en un baldío perdido del barrio usina, lejos del campo y la montaña y la sobervia que acabó con su progenitor. Equipo de fútbol que cuenta con su hijo -manso como el padre arriesgan las vecinas- en la formación titular y es el delantero, y a veces, el goleador.