sábado, diciembre 12, 2009

sábado

Una tarde de octubre, acostados en el pasto del Hotel Llao-Llao mientras una señora negra y ciega cantaba una canción triste sobre otros negros y ciegos, Andrea sacó del bolso donde guardaba sus cámaras un libro de Pessoa. Lo abrimos al azar y leímos un poema de una de las múltiples personalidades que tenía el portugués que hablaba de la muerte: del entierro y la angustia y la sorpresa del principio y, después y de a poco, del acostumbramiento y ese verso que quedó guardado hasta hoy, que decía:
Sólo serás recordado en dos fechas, por tus aniversarios:
Cuando cumpla los años tu nacer, cuando cumpla los años tu morir.
Nada más, nada más, absolutamente nada más.
Pensarán en ti dos veces cada año.
Cada año suspirarán por ti dos veces aquellos que te amaron.
Y alguna que otra vez suspirarán si por casualidad se habla de ti.
Quedamos todos en silencio, incómodos con una incomodidad que no se correspondía con el piano y la voz suave y ciega soplando a la distancia y el sol de la tarde y el pasto perfecto y el viento cálido que apenas alcanzaba para despeinar. No me acuerdo cómo salimos de ahí, de ese embotellamiento de pensamientos cargados de muerte, de lo inevitable y de dolor. Pero salimos. Como tantas otras veces.
***
Las referencias a la muerte nos ponían incómodos a todos pero las enfrentábamos con dignidad. Cuando William Shatner decía: "Vive la vida como si fueras a morir, porque vas a morir. Te va a suceder porque le pasó a un montón de gente que conozco: mi madre, mi padre, mis amores, el presidente, el rey y el papa", reíamos con una risa que con el paso de los segundos se transformaba en una mueca que se transformaba en seriedad que se transformaba en tristeza que se transformaba. Cuando Patricio Rey decía que hay caballos que se mueren pronto, sin galopar; bueno, la metáfora no dejaba mucho margen de acción.
***
Ahora, hoy, son cuatro años. Y cuatro años es mucho tiempo. Y cuatro años no es nada.
***
Con Juan y Lu y Padre y Madre vamos a subir el camino de ripio hasta el cementerio y vamos a sentarnos en el banco y mirar el paisaje que cambia cada vez que subimos. Vamos a caminar entre las tumbas de los viejos pobladores y vamos a mirar sus nombres y sus fechas de nacimiento y vamos a calcular cuánto vivieron y vamos a imaginar cómo vivieron y cómo murieron. Vamos a sacar malezas y acomodar los rosales y el arándano. Vamos a romper silencios con afirmaciones y preguntas. Vamos a reir con Juan y vamos a mirar ese pedazo de tierra negra y absurda. Vamos a mirar el cielo, hoy blanco de nubes, y vamos a mirar el Pirque cada vez más verde. Sin quererlo, vamos a pensar en cuatro años atrás. Sin quererlo, vamos a pensar en cuatro años adelante.

4 comentarios:

miguel angel dijo...

Terriblemente conmovedor,esas frases que hacen que no puedas parar de llorar,grande el tinchito!!!como lo extrañamos los 365 dias del año!!tanto te queremos Tincho maestro

Julia dijo...

Qué buena onda comparar al Indio con Passoa con Shatner. Es muy emotivo este texto. La muerte es una presencia más que a veces me perturba.
Saludos, Chino! Me imagino que estará muy linda la vista por allá.

Julia dijo...

Pessoa, Pessoa. Recuerdo haber leído esa parte de ese libro que se abre en cualquier parte.

Protervo dijo...

tan lindo lo que escribis.

te invito a escribir algo para mi bloggin.