miércoles, mayo 07, 2008

miércoles

*Tal vez estaba esperando que entrara en erupción un volcán para ponerme a escribir. Pero creo que ni siquiera eso. Nico dice: acá está áspero como aliento de búfalo. ¿Se ve la nube?, le pregunto. Sí, sí, mal, papá, hoy a la mañana una nube negra subía por los valles del Epuyén y desde Patriada y Lago Puelo, daba mucho miedo. Migui me manda mensajitos. Uno dice: mañana si llueve, ceniza. El segundo: está tremendo esto. El pueblo está desierto; no deja de ser excitante. El tercero: boló, hay milicos con barbijos parando a los autos. A la noche hablo con padres. Están viendo tele, casi todo el día estuvieron así, parece que recomendaron no salir de las casas ni circular en automóviles. Padre dice que está chotísimo, aburrido, una capita gris de arena por todos lados. Le pregunto si está escribiendo graffittis apurado ante la inminente y definitiva erupción, en ese homenaje contemporáneo a los pompeyos que había previsto. Me dice que no, que se había olvidado.
Mientras tanto, yo acá, copado con el humo de la quema de pastizales.


*Anónimo preguntó por mis abuelos maternos. Yo mastiqué la pregunta y dejé madurar la respuesta. Escribí en un borrador: me cuesta escribir sobre mis abuelos maternos. Agregué: así como me cuesta escribir sobre todo aquello que es bueno, alegre y tiene final feliz. Como hablar sobre tu novia buena: es tanto más fácil hacerlo sobre la mala; los rencores, los celos, ah, así cualquiera. Y completé el primer párrafo con: alguien alguna vez me contó sobre El idilio, el género, ese lugar donde nada sale mal, el amor siempre regresa y los buenos siempre ganan. Y sobre su imposibilidad narrativa.
Lo releo y no me convence. Seguía así: Madre suele contarme que el día en que mi abuela se enteró de que iba a ser abuela -yo fui su primer nieto- dejó de teñirse el pelo, se puso un delantal de cocina, y agarró varios libros de cuentos, para empezar a memorizar. Ese día su vida tomó una nueva dirección, y decidió estar preparada para hacerlo lo mejor posible, como había hecho con todas las otras cosas que había decidido hacer. Seguro que no fue tan lineal ni automático, pero me gusta pensar que fue así: mientras crece la panza de Madre y yo en ella, el pelo de mi abuela se va encaneciendo, las arrugas avanzan por su cara como esos ríos de Africa cuando por fin llega la época de las lluvias, y recita frente al espejo como endemoniada: “Fue entonces cuando Hansel y Gretel salieron al bosque a pesar de las advertencias de sus padres”, en cada nueva versión agregando suspenso, sumando metáforas, quitando tiempos muertos, exceso de descripción. Y así, cuando en la madrugada del ocho de junio de 1982 nací en el hospital San Carlos, ella ya estaba preparada.
No tenía un final definido.


2 comentarios:

Ayelen dijo...

sí, sí. ceniciento, gris, raro, silencioso, aplomado, desierto. y justo hoy nos visitan el rector del pseudo proyecto académico rionegrino Del Bello, la impasable Lilita Carrió, el vicepresidente Cobos, todos por motivos diferentes pero todos juntos y hoy, justo hoy cuando el pueblo está ceniciento, gris, raro, silencioso, aplomado, desierto. y nadie tiene ganas de salir a ninguna parte, mucho menos a verlos a ellos.

Julia dijo...

chino, me gusta mucho tu estilo. viste, tal vez entras en un blog q nunca habias visto y te copaste leyendo...
a mi me está pasando eso.
buenisimo el recitado de hansel y gretel de la abuela =)