miércoles, diciembre 12, 2007

miércoles



Por tantos años, cada vez que veía
la primera estrella
o soplaba las velas
de una torta de cumpleaños
pedí el mismo deseo.

Hoy la noche es clara
y la luna es una uña
con esmalte brillante
colgada del cielo.
No hay estrellas.
No hay deseo.

Pero el dolor
sigue ahí
disimulado
y escondido.
Todos lo saben.

1 comentario:

Ayelen dijo...

...besitos, mi amigo....y lucecitas de estrellas...te quiero mucho.