jueves, febrero 25, 2010

jueves

Vi pasar el avión -su panza blanca, las luces en las alas, las miles de ventanas- desde la ruta con pinos torcidos por el viento que mi abuela vio cuando plantaron. El renó nueve estaba estacionado en la banquina con el capot abierto y la difunta correa y el sol encima. Vi pasar el avión y saludé. Pasó haciendo fuerza mientras subía, pasó cerca, ruidoso y brillante, y adentro iban Juan y Lu, sentados al lado de una de las miles de ventanas.
Un rato después ya estaban en Buenos Aires, sin lluvias ni calor, con familiares contentos.
Un rato después ya estaba en el taller del barrio Ñireco-Tijuana, a la sombra del renó, esperando un mecánico y una correa nueva.
Marina y Juan Cruz compraban comida, el río corría sucio, la radio y las sierras y los otros pájaros de la siesta sonaban en la distancia.

4 comentarios:

Alba dijo...

Es curioso... como a veces la vida se separa y parece que todo vuelve a esa estúpida monotonia... como si fuera una cadena de montaje...

Nicolás Uribe dijo...

Cuando pasa mucho tiempo que no escribís nada no importa porque me fijo en el archivo que está lleno de cosas copadas.
Salud.

fh dijo...

si no te leo al menos quiero escuchar ese programa de radio!

escucharon...
PROGRAMA DE RADIO!

bbeso enorme

Ayelen dijo...

eehhh locoooo escribite algo cheee (y va con toda la autoridad que me otorgan los 27...oh!)