miércoles, agosto 19, 2009

miércoles

Está sentado a la mesa: sus orejas rojas y redondas, su pelo negro, su barba homogénea y tupida. Su cadena de oro, su reloj plateado y pesado. Habla y se enreda en sus palabras, los demás lo escuchan serios y en algunas caras hay rasgos de impaciencia. Hay tres personas más, sentadas a lo lejos, en sillas de plástico blanco, bajo los tubos fluorescentes: en los zapatos barro y lluvia y derrota. La puerta quedó abierta: en los momentos de silencio se escuchan ranas. No se escuchan ranas en muchos lugar de por acá. Se escuchaban, y cómo se escuchaban, cuando nos sentábamos en la piedra grande de la loma, algunas tardes de ese verano mientras al sur se incendiaban el cerro y el cielo y la infancia.

5 comentarios:

Nausica dijo...

cómo extraño el ruido de las ranas a la nochecita!

Ayelen dijo...

yo pensé que estabas describiendo la escena de una sesión del concejo deliberante. perdón (igual, no había reconocido al de pelo negro y barba tupida, eh). besito.

Anónimo dijo...

Un tipo galán , con toda la onda.De manera poco grata ,descubrís que tiene un aliento de muerto espantoso/
Algo así, sucede cuando frente a un blog, con contenidos tan interesantes como el de éste, se le descuidan las "formas".
El "enrieda" duele a la vista.
Igualmente felicitaciones por el espacio, hay elementos que logran alcanzar las fibras de quien te lee.
Saludos cordiales.

Anónimo dijo...

jaja, anónimo: no te enriedes con las formas.

chino dijo...

anónimo: ha sido enmendado. Gracias.