viernes, mayo 28, 2010
viernes
Viernes 22
Sigue la lluvia. Las calles de ripio están llenas de charcos marrones, el cielo está gris oscuro y quedan pocas hojas en los árboles. En el fondo hay un charco de agua verde, hace algunas horas era apenas pasto mojado. Dicen que en las afueras y cerca del río ya están preocupados y armando bolsas de arpilleras rellenas de arena. Dicen. En realidad dice, y el que dice es la radio. Radio de pueblo, con efectos de sonido y la voz que queda repitiéndose en un eco al infinito.
***
Los perros están en celo y ladran y corren y se muerden. Están mojados y huelen peor que un perro mojado. La perra de la puerta es simple espectadora, no entra en el juego de ladrar y correr y morder: se queda en la puerta, y está seca, sí; seca y nada más.
***
Sigue la lluvia. Arriba, en las montañas también llueve. Hace algunos días nevó, pero ahora se ven las piedras negras y mojadas y apenas algunas manchas blancas de nieve. El negro de las piedras negras contrasta contra el gris de las nubes grises y parecen más negras de lo que son, o el cielo menos gris de lo que está.
***
Anoche fue la primera noche en la casa del pueblo. En la cama, acostados mirando el techo de maderas oscuras escuchamos pasar autos pisando charcos y perros y caminantes y en el otro cuarto la respiración tranquila de Juan.
***
Podría adivinar los autos que pasan por la calle por el ruido que hacen: por el caño de escape, por el tren delantero suelto, por problemas con los amortiguadores, por el diferencial roto, por cómo vibran sus ruedas, sería un juego divertido. Acaba de pasar una f-100, esa es infalible. Y un citroen 3cv.
***
Juan crece. Juan ríe. Juan aprende. Todo el día. Ahora hace ruidos extraños: saca la lengua y grita un grito agudo y se ríe y nos hace reir. Todo el día, nos hace reir. Pasamos el día mirándolo, y la pasamos bien.
***
Hace algunos días estábamos en la ruta, avanzando a cien kilómetros por hora en la partner gris cargada hasta la manija. El viaje fue en escalas y sin contratiempos ni estereo. La ruta como metáfora de la vida. El pasado deformado por el espejo retrovisor, el futuro como un espejismo de agua en el asfalto ardiente, el presente inasible, ya es pasado, todavía es futuro: es apenas una línea blanca que acá está y acaba de pasar acompañando a una línea amarilla que sigue hasta después de la curva. Metáfora chota, pero en algo hay que pensar mientras pasan las líneas blancas y las amarillas, mientras pasan los kilómetros y los paisajes, mientras se acaban algunas ciudades, empiezan otras y después ya no hay más nada.
sábado, mayo 01, 2010
sábado
*
El sudor de las manos, el polvo de la calle, un auto que pasa, las lágrimas de un abuelo indestructible que bajan por su cara lentas como un glaciar.
*
Mi abuela todavía está en el hospital. Faltan algunas horas para que la veamos morir en la cama blanca -blanco también el pelo, blanca la piel, blanco el día de sol blanco que encandila-, sus hijos, sus nietos, su familia, su work in progress absoluto. Queda tiempo para subirme al renó nueve y manejar hasta el supermercado, comprar unos vinos y un queso, volver y regar las plantas de la casa sola sin hijo ni mujer; queda tiempo para pensar que esto, esta sensación de fragilidad e incertidumbre, puede mantenerse así por días, semanas, meses; queda tiempo para regar el jardín al atardecer, con el cielo rojo, el calor del sol todavía en la tierra, en la cabeza, en el aire; el frío del agua en el dedo pulgar y cada tanto una catarata de agua, un arcoiris, miles de gotas en la cara; queda tiempo para ir al otro día a buscar con hermano Marcos a hermano Fermín al aeropuerto de Bariloche, con un compilado de música ad-hoc, con Wilco y Nick Cave y Cohen y los Wilburys viajeros. Queda tiempo de mirar aterrizar el avión y ver a aparecer por la escalera mecánica, primero los pelos, después la cara y después la longitud entera, que finaliza en unas zapatillas de bowling de Fermín que se ríe. Queda tiempo de viajar como tres hermanos que se reencuentran y viajan por la ruta y, si fuera una película, por un gesto, por algo, uno se podría dar cuenta de que algo va mal, más allá de la alegría del reencuentro, más allá del día y el sol y el cielo azul y los lagos, más allá de la magnífica banda de sonido. Hermano Fermín pregunta cómo está todo y le decimos lo mismo que le decíamos por teléfono antes de que se subiera al avión, un par de horas antes; que está todo igual, que no se sabe, que todo es pura incertidumbre. Y como todo sigue igual, tenemos tiempo de reirnos y hacer chistes y también comentar algunas cosas que pasaron: el terremoto, la ida a la laguna, los pájaros que se comieron toda la cosecha de arándanos, mi momentánea soledad.
*
Queda tiempo hasta que no queda más.
*
En el hospital nos saludamos todos y preguntamos cómo sigue todo. Entramos a la habitación los tres hermanos que quedamos y miramos a la cama. Ahí está mi abuela y sentado al lado de ella mi abuelo que ahora le acaricia el pelo blanco. Cuando deja de acariciar mi abuela grita de dolor. Sigue acariciando. Le ponen más morfina. Entran más personas al cuarto. Mi abuela suspira. Mi abuela muere. Hay uno o dos segundos de silencio, de alivio, y después otra vez el dolor, ahora nuestro dolor.
*
Eso fue hace dos meses. A veces parece más tiempo, a veces parece menos. Es difícil de medir. Mi abuelo pinta con sus acuarelas paisajes abiertos: pastizales infinitos y al fondo, en el horizonte, un línea verde de árboles, eucaliptus, ombúes, no se sabe. Pinta montañas y árboles. Pinta su jardín y las manzanas rojas que hay en su jardín. Pinta a Calfú y las dos o tres bandurrias que comen gusanos en el pasto que Bea corta una vez por semana. Los visitamos seguido, o lo más seguido que podemos. Juan corre por el pasto y le hace frente al perro oso que corre desquiciado. Comemos manzanas y torta fritas con mate, miramos los partidos del rojo, charlamos. Mi abuelo habla de su infancia y del Bariloche que caminaron y conocieron con mi abuela, habla de chilenos y rusos y polacos y de un italiano que pintaba. Habla de su papá, de su mamá, de los aviones que volaba, de su hermano: historias que me gustaría recordar como se recuerda un buen libro.
jueves, febrero 25, 2010
jueves
Un rato después ya estaban en Buenos Aires, sin lluvias ni calor, con familiares contentos.
Un rato después ya estaba en el taller del barrio Ñireco-Tijuana, a la sombra del renó, esperando un mecánico y una correa nueva.
Marina y Juan Cruz compraban comida, el río corría sucio, la radio y las sierras y los otros pájaros de la siesta sonaban en la distancia.
viernes, febrero 19, 2010
viernes
jueves, febrero 18, 2010
miércoles, febrero 10, 2010
miércoles
*El pasto del jardín crece sin parar. Por momentos, si uno se queda quieto un rato, pareciera oirse el ruido de los tallos verdes subiendo hacia el cielo, creciendo, engordando, como un rumor lejano, como el mar.
*La máquina de cortar pasto se rompió hace unos días y ahora el jardín es la selva valdiviana, la sabana subtropical, llena de las flores blancas del trébol, las amarillas de la achicoria y las lilas de la malva. Hay algunas frambuesas maduras y listas para comer, y el otro día Juan comió el primer arándano de nuestro jardín. Acá tuvimos mejor suerte con los pájaros.
*¿No era que los miércoles llovía?
domingo, febrero 07, 2010
domingo
viernes, febrero 05, 2010
viernes
jueves, febrero 04, 2010
jueves
Dormimos hasta tarde, tal vez fue eso. Dejé el celular en silencio y cuando despertamos, más cerca de las once que de las diez, tenía tres mensajes guardados e igual cantidad de llamadas perdidas. Ninguna era tan importante.
Luego fue el desayuno. Miento: mientras Lu se lavaba los dientes yo hice la cama, tarea que cada día encuentro más fascinante; últimamente lo que hago es intentar armarla sin sacar ni ubicar en otro espacio todos los ingredientes, es decir, mantas, almohadas, sábanas.
El desayuno vino después, y fue té con galletitas con mendicrim y miel. La miel se cristalizó por el frío y da la sensación de tener mejor gusto, además de que es más fácil para untar. Charlamos algunas cosas vagas: recuerdo de sueños -siempre es aburrido escuchar el sueño de los demás-, planes para el resto del día, el menú del mediodía, el de la noche.
Cociné una tortilla de papas. Debo decir, modestia aparte, que me salió de la hostia. Aunque el trabajo que llevó su preparación no sé si vale la pena. Lu ayudó, pero lo feo fue freír las papas, y dar cuenta de la cantidad de aceite que estábamos a punto de ingerir. Por suerte nos engañamos con la ensalada de lechugas, y cuando ponemos limón en lugar de vinagre o aceto, creemos que eso purga todo y listo, somos gente sana y saludable.
Lu se fue después de comer. Poco antes observamos preocupados el tamaño y el color de mis hongos del cuello: Lu planea decirme fungui, pero como todos los sobrenombres que no son espontáneos dudo que prenda en el imaginario popular. Los mejores sobrenombres, esos pensados por horas, se evaporan en minutos. A Santi le quise decir Fatman mucho tiempo, ¿y qué quedó? Nada. En cambio, Terry Escabio a Terry Jones, fue espontáneo, una chispa de lucidez en una tarde de borrachera. Esos son los que valen. Hace poco leí que a alguien le decían Japonés, por sus ojos rasgados. Otra hubiese sido la historia si Lali, en ese arranque de ira contra su infante, me hubiese gritado "Japonés del orto". Creo que el sobrenombre Japo tiene toda la onda del mundo.
Hay días que me imagino caminando con hijito Juan por la calle, y él, rubio, con pelo despeinado, se distrae por cualquier cosa y yo le digo, dale muñeco, apurate. Muñeco. Me gusta como suena. Pero dudo que prenda. Mientras no le digamos juancho, todo bien.
Lu se fue, y quedé solo, a la buena de dios o de quien sea. En la ventana se escuchaba una lluvia intermitente, o más bien, el ruido del agua y las hojas de las plantas cuando se encuentran. No salí afuera.
Ahora se despejó, y la tele dice que hacen como 20 grados. Parece que tenemos planes de ir al teatro. Está bueno, salir un toque. No laburé nada, y me da algo de culpa. Tampoco leí ni hice algún trabajo importante. Deambulé, tomé un mate que me dejó un tanto chapa, comí tostadas con mendicrim y dulce de arándanos. Comemos tres potes de mendicrim por mes, es un número importante".
Lo anterior es un mail que le mandé a hermano Fermín un día cualquiera de julio de hace dos años, cuando todavía vivíamos allá, cuando todavía no había nacido Juan. Lo encontré buscando no sé qué cosa. El mail no dice nada fuera de lo comun ni nada brillante ni nada de nada. Pero lo leí y enseguida me sonó parecido al "Diario de la beca", el prólogo de La novela luminosa, de Levrero. El parecido, no hay ni que aclararlo, no está en cómo está escrito ni en lo que dice. Está, me parece, en el aburrimiento, en lo rutinario de la rutina. Y es loco poder recordar, mediante la lectura, un día cualquiera, un día aburrido sin nada en particular ni extraordinario, que sin embargo quedó ahí, fijado por la escritura.
miércoles, febrero 03, 2010
miércoles, enero 20, 2010
miércoles
martes, enero 12, 2010
martes
jueves, diciembre 31, 2009
lunes, diciembre 28, 2009
lunes
En una época pensaba que sabía mucho porque leía revistas de tapas brillantes y artículos con oraciones subordinadas y fotos en blanco y negro con chicas de moda y músicos con cigarrillos en la boca. Ahora no leo ni fumo ni visto a la moda ni pienso que sé. En esa época compraba discos y libros e intervenía en discusiones con sagaces observaciones y posturas definidas, cruzaba las piernas y decía claro digamos y a ver, y acomodaba mis discursos en categorías ontológicas varias.
Estoy más contento así.
miércoles, diciembre 23, 2009
sábado
Y Manu responde:
"La traducción que tengo es medio chota, pero dice así:
"Desde hace años un cofrecillo de madera con los escritos de mi padre ha permanecido sobre la repisa de mi chimenea en Spence's Point. Es un cofrecillo que hice en una clase de trabajos manuales cuando tenía once o doce años. No está demasiado mal. Allí mi padre decidió reinventar muchos de los momentos clave de mi vida. El primero habla de mis primeros pasos y relata de manera detallada el primer movimiento de brazos hacia él, como una zabullida. Muchas veces he empezado a leer estos documentos, pero siempre siento como si una enorme mano me estrujara el corazón. Sin duda debía ser muy pequeño porque el chupete rosado que descansaba en mi mano izquierda estaba descripto como un gran melón enorme, jugoso y chorreado. Entonces miro a los ojos de mi padre y me zambullo como a una pileta vacía. Después relata las risas.
"Los textos de extienden en el tiempo, y los últimos los escribió durante los siete u ocho últimos años de su vida. Ahora que he llegado a la edad que él tenía cuando los redactó quizás pueda reunir la fortaleza suficiente para reproducir algo de su contenido de manera que su figura se destaque entre las sombras.
John Dos Passos, Años Inolvidables
Y sigue, pero eso no nos importa".
miércoles
viernes, diciembre 18, 2009
viernes
sábado, diciembre 12, 2009
sábado
Sólo serás recordado en dos fechas, por tus aniversarios:
Cuando cumpla los años tu nacer, cuando cumpla los años tu morir.
Nada más, nada más, absolutamente nada más.
Pensarán en ti dos veces cada año.
Cada año suspirarán por ti dos veces aquellos que te amaron.
Y alguna que otra vez suspirarán si por casualidad se habla de ti.
Quedamos todos en silencio, incómodos con una incomodidad que no se correspondía con el piano y la voz suave y ciega soplando a la distancia y el sol de la tarde y el pasto perfecto y el viento cálido que apenas alcanzaba para despeinar. No me acuerdo cómo salimos de ahí, de ese embotellamiento de pensamientos cargados de muerte, de lo inevitable y de dolor. Pero salimos. Como tantas otras veces.
***
Las referencias a la muerte nos ponían incómodos a todos pero las enfrentábamos con dignidad. Cuando William Shatner decía: "Vive la vida como si fueras a morir, porque vas a morir. Te va a suceder porque le pasó a un montón de gente que conozco: mi madre, mi padre, mis amores, el presidente, el rey y el papa", reíamos con una risa que con el paso de los segundos se transformaba en una mueca que se transformaba en seriedad que se transformaba en tristeza que se transformaba. Cuando Patricio Rey decía que hay caballos que se mueren pronto, sin galopar; bueno, la metáfora no dejaba mucho margen de acción.
***
Ahora, hoy, son cuatro años. Y cuatro años es mucho tiempo. Y cuatro años no es nada.
***
Con Juan y Lu y Padre y Madre vamos a subir el camino de ripio hasta el cementerio y vamos a sentarnos en el banco y mirar el paisaje que cambia cada vez que subimos. Vamos a caminar entre las tumbas de los viejos pobladores y vamos a mirar sus nombres y sus fechas de nacimiento y vamos a calcular cuánto vivieron y vamos a imaginar cómo vivieron y cómo murieron. Vamos a sacar malezas y acomodar los rosales y el arándano. Vamos a romper silencios con afirmaciones y preguntas. Vamos a reir con Juan y vamos a mirar ese pedazo de tierra negra y absurda. Vamos a mirar el cielo, hoy blanco de nubes, y vamos a mirar el Pirque cada vez más verde. Sin quererlo, vamos a pensar en cuatro años atrás. Sin quererlo, vamos a pensar en cuatro años adelante.
jueves, diciembre 10, 2009
jueves
PD: Los jueves sale el sol y nunca hay nubes y comemos sanguchitos de lomo a la parrilla y caminamos por el jardín, como escapando de los rayos ultravioletas.
miércoles, diciembre 02, 2009
miércoles
nuestros tres jinetes
del apocalipsis meteorológico
están ahí a la espera
todos los días, todas las horas
desde finales de agosto
los ojos cerrados
el ceño fruncido
viento lluvia y resolana
la concha de tu hermana
miércoles, noviembre 25, 2009
miércoles
domingo, octubre 25, 2009
sábado a la noche
caminaba por los pasillos
y las salas vacías
del Hospital Italiano
en busca de una oficina.
Se escuchaban mis pasos
y el eco de mis pasos
y el ruido que hace
el aire acondicionado
cuando se prende
y el silencio que queda
cuando se apaga.
En una de las habitaciones
estaba Lu,
me esperaba,
esperaba.
jueves, septiembre 24, 2009
jueves
Primo M se compró una moto y maneja temerario por las callecitas de Kaohsiung, Taiwan. Esquiva bicicletas y autos y camiones y otras motos. Acelera en las rectas y frena en las curvas. Usa anteojos de sol hasta de noche para evitar el polvo y el viento que lo hacen lagrimear. Si hubiese una cámara que lo pudiera filmar de frente veríamos en los vidrios espejados de los anteojos las luces de las avenidas, las palmeras dobladas por la velocidad y el viento, los autos que van y los autos que vienen, los semáforos que cambian de color y la rueda delantera que muerde la banquina y la moto que se tambalea y las manos que se agarran firmes del manubrio y los ojos que se cierran y el asfalto que se acerca cada vez más, una línea blanca, espacio, otra línea blanca, espacio y el casco que golpea contra el piso negro y alguna chispa por el roce. Y si hubiese sonido escucharíamos todos esos ruidos a metales retorcidos y a motores acelerados, esos ruidos que aturden porque terminan y enseguida todo es silencio y empiezan, de a poco, a aparecer los otros ruidos: perros, autos, pasos sobre la vereda de taiwaneses que se acercan a preguntarle a este señor de la moto que hasta que no se saca los anteojos parece un coterraneo pero un poco más alto que la media si está bien, y sí, estoy bien, dice o cree decir en chino y después lo repite en inglés y en francés y en castellano, para asegurarse de que está bien en un idioma que entienda.
miércoles, septiembre 23, 2009
miércoles
Mientras lo sirve, mezquino, generoso, da lo mismo, salgo a dar una vuelta por ese lugar. En donde debería haber una escalera hay una disquería, con un potus en la entrada. Los discos están sobre el piso en columnas de medio metro de altura. Miro las tapas y no reconozco ninguna. Hay una puerta que da a una habitación en la que hay tres gringos. Les pregunto si alguien sabe algo del vendedor de discos. No entienden de qué les hablo y en un idioma extraño me piden que por favor salga del cuarto. Vuelvo a la disquería. Estoy un rato y decido salir. Había planeado robarme algunos discos: también hay remeras y posters pero no me interesan. Salgo con las manos vacías y con sed.
Vuelvo al bar. Hay olor a perfume y todos ríen. Mi abuelo me dice: sabías que el Peckinpah lleva Chanel Nº 6. No, le respondo, no sabía que un trago se hacía con perfume y tampoco sabía que hay un Chanel Nº 6, pensé que todo empezaba y terminaba con el Nº 5. Mi abuelo se ríe y toma un sorbo y mientras se limpia los labios con la manga de la camisa me dice: todo lo que te falta saber todavía.
lunes, septiembre 14, 2009
lunes
Pero paró, ya lo adelanté. Y salió el sol y pareció, más allá de algunos charcos que reflejaban nubes, que nunca había llovido ni nunca había parado, que siempre había estado allá arriba el sol amarillo y los días celestes y fríos, y esos charcos andá a saber cómo aparecieron.
En alguno de esos días de sol Lu, Viole y Juan fueron al laberinto. Las ovejas los miraron pasar y apenas si levantaron sus cabezas del pasto. Los teros, no. Los teros gritaron, volaron, gritaron otra vez. Los pinos reflejaron gotas de agua en la punta de las pinochas, gotas de aguas como prismas, como cuarzos, gotas de agua como miles de arcoiris en las miles de las ramas de los miles de los pinos.
Cruzaron el foso y se adentraron en el laberinto. Sacaron fotos, sintieron frío en los cachetes, conversaron, pensaron cosas que yo no podría precisar. En alguna esquina Juan perdió una zapatilla. Volvieron a casa y en el camino compraron helado.
Después volvió la lluvia, porque el refrán hasta ahora también funcionó siempre a la inversa: siempre que paró llovió. Y nos olvidamos para siempre que los árboles estaban en flor y que las cumbres de los cerros estaban nevadas y que había ovejas que saludaban displicentes y teros que hacían un despliegue innecesario y brotes en las ramas y cuarzos en las puntas de las pinochas de los pinos. Y pensamos en la lluvia y en las películas que se ven cuando llueve, y en la música y en el pan de la máquina de hacer pan y en la radio y en el mate, y también volvimos a pensar, pero esto no lo dijo nadie, en la posibilidad de que nunca más parara de llover.
Poco después, paró.
sábado, agosto 22, 2009
sábado
Juan cierra los ojos mientras Bruce Chatwin recorre caminando los caminos ventosos de la Patagonia. Juan bosteza y ahora el mismo Chatwin está en Australia bajo el sol abrasador de un desierto, siguiendo los misteriosos trazos de la canción, intentado entender a los viajeros para entenderse, por fin, a él mismo. Juan suspira y su tocayo García Madero busca a los detectives salvajes por el DF y después los encuentra para perderse con ellos otra vez. Juan se sobresalta en un sueño que nunca vamos a poder imaginar y Lawrence Breavman madura y se enamora y por las noches camina por una ciudad que tiene un lago y piensa en poesía y de día se enamora y trabaja en una fábrica. Juan respira tranquilo otra vez y los viejitos y las viejitas de Muriel Spark toman té sin preocuparse, al menos unos minutos, por la muerte inminente. Juan se despierta y el Perito Moreno está por llegar a la naciente del río Santa Cruz. Juan se aburre en la cuna y quiere salir y Lorrie Moore me dice al oído con una voz que es hermosa pero tristísima como una noche tristísima que la vida, a veces, no es fácil. Juan empieza una manifestación de aburrimiento extremo que incluye cacerolazo y aplausos y grito eaeaeaeae y el pescador lucha contra la tanza que le corta las manos y el pez enorme se hunde y después salta, mostrando la cola y las aletas plateadas y su poderío y vuelve a hundirse en el mar cálido del caribe, mientras desde el este la oscuridad avanza cubriéndolo todo.
Así, en esos momentos de paz, que casi siempre están iluminados por una luz cremosa que entra por las ventanas y que contrasta con la oscuridad de la madera encerada del piso, y musicalizados con las gotas de lluvia que golpean testarudas contra las chapas, soy un testigo de infinitos mundos que nacen y crecen y se reproducen y mueren en ese cuarto, bajo ese techo, con Juan a mi lado, sentado en la cuna, hablando en lenguas, riendo.
miércoles, agosto 19, 2009
miércoles
miércoles, agosto 12, 2009
miércoles
lunes, agosto 10, 2009
lunes
*
Las ramas secas y duras como cornamentas, el cable de la luz y el del teléfono, la nube gris y la montaña negra y la casa del vecino. Hay mañanas que me distraigo y veo estas cosas. Si mirás para el otro lado: el cerro y algo de nieve en la cumbre y los sauces con su piel roja y bandadas de loros gritones. O para el otro: un cerco vivo con un gato, sentado en un poste, que se estira como un yogui que alcanza el nirvana. Para el otro lado, la pared de ladrillos y nada más.
*
La casa del vecino. Un cuadrado de cemento con ventanas tapiadas y un portón de metal pintado de blanco por el que entran y salen y vuelven a entrar autos y motos y personas, todo el día, toda la noche. Los viernes y los sábados son de reggatón. El resto del tiempo, nada. O el ruido de los autos y de la moto: un ronroneo contínuo, cuatro tiempos de admisión, compresión, explosión y escape, aunque en el sueño de la madrugada se escuche todo como una sola cosa uniforme y molesta.
*
Las mañanas son de silencio. Pruebo con la radio y después con un disco. Tomo un mate que me deja tembloroso y mareado. Galletitas con dulce de leche o frambuesa. Y de repente es la una. Algo de trabajo, o buscar algunos discos por ahí. La temporada cinco de Weeds. Cada tanto el teléfono o un estornudo o el lavarropas. Y el silencio.
*
Hoy apareció otra vez ese insecto extraño y resbaladizo lleno de patas y movimiento perpetuo. Estaba atrapado en la bañadera, al lado de la rejilla, entre algunas pelusas y gotas de agua. Lo miré con desagrado y me fui. Cuando volví con una sandalia para el sacrificio y papel de diario para el entierro ya se había ido.
*
Esto es todo cuanto tengo para informar.
jueves, agosto 06, 2009
martes, agosto 04, 2009
martes
*
Mañana, cinco de agosto de dosmilnueve, a las dos de la tarde, Juan va a hacer chau mientras avanza en los brazos de Lu por la sala ascéptica y blanca del aeropuerto de Bariloche, rumbo al avión. La voz va a anunciar vuelos que llegan y otros que salen. Los brasileños van a gritar y mirar las montañas. El lago va a reflejar un sol amarillo. El viento va a soplar invisible y sólo se hará presente en árboles doblados, bolsas de basura que vuelan. Lu y Juan van a subir las escaleras, desaparecer en una manga de plástico. Juan me va a saludar.
jueves, julio 23, 2009
jueves
martes, julio 21, 2009
martes
lunes, julio 20, 2009
lunes
Después se sube a la calesita y se va y vuelve, como Adelita, montado en un Jeep militar.
domingo, julio 19, 2009
domingo
Querida Chan,
Antes que nada, me gustaría decirte que si yo fuese mujer te odiaría. Odiaría tu belleza y tu voz, y odiaría también tus canciones y tus videos y cómo te queda la ropa y el flequillo y tu alcoholismo. Aunque, pensandolo bien, el alcoholismo podría jugar a mi favor.
Por suerte, querida Chan, soy un hombre, un varón, un hijo de Adán.
Por desgracia, querida Chan, vivimos muy lejos el uno del otro como para que nos conozcamos algún día y te invite a tomar una coca light y vos me digas que preferís un Jack Daniels y yo te diga qué casualidad, yo también, y te encienda el cigarrillo mientras vos encendés mi fuego interno.
Por suerte, querida Chan, yo no soy tan cursi como para decirte algo así. Y por desgracia, nunca se hubiese dado esa situación, de todas maneras.
Entonces escuchamos tus canciones y vemos tus videos.
"Lived in Bars", de Cat Power:
sábado, julio 18, 2009
sábado
***
Hay días y hay noches en que miro al pueblo con los ojos extrañados de quien pasa por un pueblo fantasma en medio de la ruta en medio de la nada. Este es uno de esos días o de esas noches. Y entonces miro, porque no soy yo quien maneja, a los dos costados de la ruta: a las líneas blancas, a la barranca que cae suave hasta el pueblo, a las calles de tierra que mueren en el asfalto, a los paisanos de sombrero que esperan el momento indicado para cruzar, a los faroles que empiezan a encenderse, que primero titilan una luz blanca y de a poco adquieren el color naranja que iluminará la oscuridad de la noche.
***
Miro el pueblo y sus locales, la estación de servicio desierta, los dos supermercados, la antena roja que se pierde en la nube. Miro las montañas lejanas que encierran el valle en un pozo y le dan algo de sentido al nombre. Miro una catarata de agua blanca y un barrio de casas que fueron iguales y que sólo el paso de los años volvió distintas. Miro la comisaría y el cementerio de autos chocados. Miro una cancha de fútbol vacía y el tendido de cables de alta tensión. Leo los carteles y los afiches de campaña, pegoteados, rotos, aburridos.
***
En menos de lo que dura una canción el pueblo aparece y desaparece.
***
Osvaldo solía preguntarle a sus amigos, entre ellos Padre y Madre, si se daban cuenta de que eran habitantes de un pueblo de esos que uno, si lo atraviesa una noche en auto en medio de un viaje, sólo puede decir: "qué loco, pensar que hay gente que vive acá".
domingo, julio 05, 2009
domingo
Ahora los amigos de mi abuelo mueren de causas menos pedagógicas.
miércoles, julio 01, 2009
miércoles (bis)
Me gustaría ser de esos que tienen una idea y la llevan hasta las últimas consecuencias. Me gustaría ser de esos que tienen ideas. Me gustaría ser de esos que se definen y dicen porque yo soy así, viste, y el resto siempre les tiene algo de bronca, porque nadie debería poder decir, así como así, porque yo soy así, viste. Me gustaría ser de esos que saben qué es lo que quieren. Me gustaría tener enemigos. Me gustaría que alguno de mis enemigos una tarde de sol me cague a piñas y después tener que devolversela, y para eso buscarlo y encontrarlo una noche en alguna esquina oscura, apenas iluminada por un farol al que le faltan varios foquitos y acercarme por la espalda y darle tiempo a darse vuelta y decirle soy yo, te acordás de mí, tenemos una cuenta pendiente. Algo así. Me gustaría ser de esos que tienen un hobby. Me gustaría ser de esos que saben qué es lo que les gusta. Me gustaría ser de esos que tienen un proyecto y lo llevan a cabo. Me gustaría ser de esos que tienen un proyecto y lo llevan a cabo y el proyecto es una cosa así como sacar una foto por día de un muñeco de nieve que se derrite en el jardín hasta ser una mancha de barro en la que sobresale una zanahoria enmohecida y dos botones, o escribir un diario, o poner una canción por día en un lugar para que alguien la escuche. Me gustaría ser de esos que tienen una marca de mayonesa favorita y sólo pueden comer esa marca. Me gustaría ser de esos a los que les gusta la mayonesa.
***
Mientras tanto, llega el spam: "Lo tenés tan chiquito que necesitás mentir: no había agua caliente en la ducha". Otro: "Parecen que a Brad Pitt lo vieron con Lindsay Lohan en Los Angeles". Otro: "Meg Ryan tira un premio importante a la basura". Otro: "El envenenamiento de comida sucede en cualquier lado". Otro: "Bush y Putin coincidieron en volver a comenzar con la guerra fría durante el encuentro del G8". Otro: "Belleza refinada o accesorios clásicos: ahí yace la paradoja". Otro: "Agrandá tu humanidad: no vas a ser el mismo después de consumir nuestro suplemento". Otro: "Chenney visita Afganistán. Les dispara en la cara". Otro: "¿Ir de shopping te parece mejor que el sexo? Otro: "El blooper en bikini de Jessica Alba". Otro: "Hay sospechas sobre la salud de McCain". Otro: "Maquillá tu carrera con un nuevo título: no te costará nada". Otro: "Osama entrena cabras para bombardeo táctico". Otro: "Ataque de tiburones en Australia: dos muertos". Otro: "Hay un chico que come una rata por día".
domingo, junio 21, 2009
martes, junio 09, 2009
martes
***
Hoy: sol.
sábado, junio 06, 2009
sábado
***
Empecé a escribir un diario cuando llegamos. Nunca antes había escrito uno. (Miento, escribí uno a los doce años, cuando mis abuelos me invitaron a ir a Punta del Este, que duró tres carillas y se perdió por ahí entre tanta agua y tanta arena). Empecé a escribir un diario, decía, y todos los días trato de poner algo de lo que hice. Nada más tedioso que escribir un diario. Y además las oraciones pronto empiezan a volverse todas iguales, siempre se escribe: hoy, después, más tarde y todavía no. El otro día leí las pocas carillas que había escrito y abundaban las descripciones de las comidas: las milanesas, los guisos, las empanadas, los vinos -sobre todo los vinos-.
***
Es un sábado de aquellos y aprovechamos para guardar todo el sol que podemos en la piel, en los poros, en el pelo, en las uñas, en los párpados: cerramos los ojos y miramos el sol y vemos ese color rosa o salmón, ese color claro, ese color pastel que es el color de la felicidad.
***
Hoy a la noche tenemos campeonato de truco en beneficio del Club Atletico Pedregoso. Es en la escuela 81, esa a la que fui por seis meses, ahí sobre la ruta, pintada verde. Vamos a ir con padre, Migui, Patón, Mati, Lucas. Vamos a tomar vino Tocornal, vamos a perder con honor, sin hacer señas. Este, por ejemplo, es un típico párrafo de mi diario: dice hoy, dice vino.
***
Sí, pusieron internet, pero parece que la inspiración no llega por adsl.
martes, junio 02, 2009
martes
***
¿Y qué pasa con los martes?
martes, mayo 12, 2009
martes
por qué algunos
se van y
otros se quedan.
Mientras tanto
nosotros nos vamos
y otros se quedan
y es raro.
martes, mayo 05, 2009
martes
adiós ex novias, amantes
y amores no correspondidos
adiós plazas y adoquines
adiós amigos, adios desconocidos
adiós taxistas
adiós colectiveros
adiós vieja con vestido de flores
y con ruleros
adiós calles vacías
en la noche de verano
adiós soretes de perros
y papeles tirados
adiós cines, teatros y obelisco,
calculo que ahora que no vivo acá
los visitaré más seguido
adiós chicas que bien entrado
el calor estival
usan pollera blanca
y escote infernal
adiós verdulero
adiós carnicero
adiós barrendero
adiós famoso de fama sucinta
adiós artista
que pinta que pinta
adiós lindas mozas
de bares careros
adiós tendereros
adioses sinceros
adiós fumador de porro
disimulado
que caminas por la calle
con desenfado
adiós psiquiatras
y psicoanalistas
adiós linyeras
adiós autopistas
adiós a las flores
de varios colores
adiós tormentas
y sus olores
adiós obrero distraído
que taladras a un tiempo
la pared y mi oido
adiós días de calor
noches de bruma
y río marrón
adios llaves
de puertas de entrada
adios oficinas
de temperaturas templadas
adiós paraguas
adiós ascensores
adiós clase media
con sus malhumores
adiós deprimidos
adiós vecinos
adiós inquilinos
adiós rata que pasa
por salguero
adiós gorrión
adiós gilguero,
adiós treintaynueve
fiel y leal
adiós subterraneos
allí la pasé mal
adiós gente que espera
y que mira sin pena
adiós terrazas
adiós otras casas
adiós mucamas
uniformadas
adiós balcones
adiós ladrones
adiós policía
que manda
mensajes desde
el celular
adiós otra vez, querida ciudad
aunque parezca otra cosa
soy yo el que se va.
lunes, abril 27, 2009
lunes
viernes, abril 17, 2009
viernes
***
Mi cuarto tenía tres metros por dos metros, un futón japonés, un pequeño armario, un escritorio, piso de madera, una caja con cosas, un dibujo sin terminar en una pared. Tenía un discman con parlantes, postales de lugares imposibles, algunas fotos, un edredón azul. Tenía olor a quieto, oscuridad absoluta, ruidos en el techo. Tenía papeles pegados con cartas de amor y listas de compras.
***
Olleros fue el teatro de operaciones de mis primeros cinco años en la ciudad. Todo pasaba ahí, entre las paredes pintadas de colores distintos y piso alfombrado. Entre el laberinto de pasillos y habitaciones; entre las paredes del baño escritas con marcador azul y la cocina llena de platos sucios y tazas limpias (nunca tomé tanto té como en esos cinco años).
***
Llegamos un domingo lluvioso de mediados de marzo. Estacionamos la trafic lo más cerca de la puerta que pudimos y empezamos a bajar las pocas cosas. Yo no tenía mucho: quince cedés, seis casetes, un grabador, un discman, algo de ropa, una mochila, una valija, y muchas ganas. Hacía calor, llovía, todo estaba empañado. En el pasillo quedó la huella ciclista de la silla de ruedas.
***
Antes, en el viaje, en algún lugar entre Santa Rosa y Trenque Lauquen, manejé yo. Migui quedó en el asiento del acompañante mientras el resto dormía. Pusimos un casete de Beck y después Gomez y después The Beta Band. Buscábamos el soundtrack indicado para nuestra aventura iniciática. Ahí, manejando, no hablamos mucho. Dijimos algunas cosas obvias, como "qué loco vivir en la ciudad, ¿no?", o "¿cómo mierda vamos a aprendernos las calles?", o "¿alguna vez viajaste en colectivo?". Las respuestas: "qué loco", "ni idea", "nunca".
Era la madrugada y allá adelante, en el horizonte, salía el sol.
lunes, abril 13, 2009
lunes
la vida sigue
el blog también.
en unos días
nos vamos al sur
a probar vivir
allá.
tenemos valijas
con ropa y juguetes
y libros y discos
y recuerdos y proyectos
y dudas y temores
y ansiedades y certezas
y otras cosas más
que fuimos juntando
en nuestra vida juntos,
y otras cosas de otras vidas
que a veces
entran en una valija
y otras veces no.
martes, marzo 10, 2009
lunes, marzo 09, 2009
lunes
***
La cosecha de frutas es un terreno fértil para las metáforas. Todo puede llegar a ser comparable con cosechar: la vida, el amor, el verano, el fútbol, y así. Depende, sobre todo, del estado de ánimo del cosechador.
***
Este verano cosechamos arándanos varias veces. Algunas veces todos, otras veces con Zelda Argentina y su troupe de cosecheros, otra vez solo. Zelda Argentina y su troupe de cosecheros hablan, cosechan y hablan, cosechan muy rápido y hablan, también, muy rápido. Zelda Argentina y su troupe de cosecheros no cosechan los lunes después de alguna fiesta popular, eso ya lo tiene muy en claro el patrón. Zelda Argentina nació en Cholila y tiene once hijos. Algunos de esos once son parte de su troupe.
***
Allá somos recolectores. La parte cazadora del tándem terminó con el rifle de Alan y el chancho paralítico, o con los pájaros caídos por las gomeras y los balines de aire comprimido. Desde entonces, juntamos cosas: frutas, verduras, miel, ramas, piedras. Cada tanto, a alguien le agarran ganas de tener un arma para ultimar alguna de las tantas liebres de marzo, pero no pasa de la idea: tomar la escopeta con las dos manos, los brazos firmes, la vista precisa, el dedo en el gatillo, bang, y después sentirse Hemingway por un rato.
***
Lo cierto es que los que cazan son los otros, como el infierno. Quilodrán le apunta a la vaca entre los ojos desde cincuenta metros con su rifle y espera que la vaca mire hacia abajo, hacia el último pasto que va a comer, porque si lo mira a los ojos con la bala no pasa nada, rebota en el cráneo y la vaca ni mú; y entonces la vaca baja la mirada y Quilodrán dispara y la vaca queda suspendida en el aire unos segundos, como levitando, y después, por fin –aunque es un por fin que no existe porque el tiempo, ahí y entonces, no existe–, se desploma. Más tarde se carga la vaca o, mejor, ese compendio de carnes y cueros y huesos y cuernos y tetas en una chata hasta el árbol ése en que se cuelga. Quilodrán maneja el cuchillo como el Dr. House de los matarifes: un corte veloz y la vaca está abierta en canal, un corte más y está sin cabeza, cuatro más y sin pezuñas, otro y sin cuero. El cuero, proto-alfombra, se pone debajo de la vaca colgante y sirve de fuente para recibir todas las vísceras y órganos que van a caer después de otro corte más –preciso y rápido como los anteriores–, con un ruido como de ola rompiendo contra las piedras, de inodoro desagotando, de glaciar en retroceso.
***
En realidad, en la escuela matamos. Matamos chanchos gordos con nombres ridículos, matamos pollos anónimos, matamos el tiempo. Lo peor: los gritos, el calor, el olor, las plumas, los pelos.
***
Y muchos años antes, allá arriba, en la casa del Cerro Amigo, una vez que estuvo acorralada y perdida en una zanja, arremetimos contra la gallina con palos y maderas y con furia tan ciega como inocente: de ella sólo quedaron las plumas y la cabeza y unos ojos sin párpados que nos miraron fijos por el resto del verano y de la infancia. Alguien nos retó, pero no hacía falta: ya habíamos aprendido.
miércoles, febrero 18, 2009
miércoles
***
Hubo uno en que volamos desde una ciudad anaranjada e infinita y llegamos a otra, más pequeña pero con luna llena reflejada en un lago negro. Hubo otro en el que bebimos champagne en noches calurosas, con insectos trepando por las ventanas y enredándose en los mosquiteros. En otro comimos treinta kilos de helado de Jauja y votamos el mejor gusto, y un día ganó el dulce de leche con moras salvajes y otro el chocolate profundo y otro el limón a secas.
***
Hubo otro verano, y de éste me acuerdo bien, en que nadamos en el río y tomamos sol y Juan, acostado sobre una manta a cuadros a la sombra del serval, se reía de las hojas y el viento mientras los perros enterraban piedras por el jardín. O ése, en que nos quedamos solos en la casa inmensa: afuera, tormenta y oscuridad, adentro, fuegos prendidos y silencio; y primero nos quedamos sin gas, y después, como si alguien nos estuviese poniendo a prueba, sin luz y sin agua y sin teléfono, y así pasamos las horas y los días en la casa barco fantasma, mirando el fuego extinguirse de a poco, porque tampoco teníamos leña.
***
O ese verano sofocante en el que Migui chocó en la ruta y el acta policial decía que el siniestro ocurrió en el kilómetro 1908: "exactamente casi enfrente del restaurante Olaf". Decía también que un auto era rojo y el otro gris, que uno de los ocupantes se llamaba Kevin y que quedaron en la ruta las huellas de la frenada y vidrios de las ópticas, y terminaba así: "Al momento no habían obstáculos en la cinta asfáltica y el clima era caluroso".
***
Hubo otros veranos, también. Como ése en que nos mudamos a la casita los tres juntos y desde el ventanal del cuarto de arriba miramos los sauces temblar y sacudirse como poseídos y más allá el río plateado por la luna. O ése en que convivimos con U-thaiwan, la tailandesa silenciosa que cocinaba como los dioses, sus dioses, esos dioses que cocinan con salsa de soja.
***
Otro verano quisimos quedarnos acá a probar suerte, encontrar un trabajo, criar a Juan. El siguiente, o el anterior, ya no me acuerdo, decidimos que no, que teníamos que volver a la ciudad a ordenar todo, a decir adiós amigos y ahí sí, venir, quedarnos, suerte, trabajo, criar.
***
Mientras cosechábamos arándanos pasó otro verano, el pasto mojado por el rocío, los álamos estáticos, el olor a mañana y ese silencio como de campamento: un murmullo y a lo lejos las voces de los demás, las risas, los silbidos. Y las frutas, una por una en la canasta verde.
***
Un verano que fue muy parecido a un otoño miramos el viento desde la ventana, un viento áspero, incansable, endemoniado, un viento volador de cosas y de ánimos y de humores. Ese mismo verano leímos a Bruce Chatwin viajar por los mismos paisajes por los que viajamos algún tiempo atrás: por los mismos caminos de tierra, por los mismos vientos, por las mismas lluvias, por los mismos miedos.
***
Ahora, pronto, se acaba éste,
en unos días empieza otro.
lunes, enero 26, 2009
lunes
-
nueve meses de gestación
=
tres meses de Juan
ni planificado hubiese salido tan prolijo.
Ahora, afuera,
asado, vino y brindis.
Dos bisabuelos, seis abuelos,
padres, tíos, primos,
autoridades presentes.
martes, enero 13, 2009
martes
*El viaje siguió hacia el sur. Pasamos unos días en las termas de Salto, en los que recuperamos el humor perdido y nos tiramos en piletas llenas de agua caliente. Después, otra vez la ruta, primero con tierra roja en los costados, palmeras y la exuberancia del norte; más tarde, con ciudades y puentes largos y la pampa húmeda que comienza a secarse.
*En un estadio de Puerto Madryn vimos a un cura carismático alabar a un señor que no era el nuestro y hacer desfilar a rengos y ciegos por un escenario que hubiese envididado Bono. Había una banda, y el público cantaba y bailaba y levantaba las manos y a todo respondía amén y alabado seas y con tu espíritu. Había vinchas rojas y rosarios de plástico de todos colores. Había polvo y con las lágrimas se hacía barro y todos parecían emos vestidos de blanco con ojos delineados y delirio místico. Nosotros estábamos tomados de las manos, menos por creyentes que por miedo a lo que veíamos. No compartimos pero respetamos, nos decía y se decía Madre, como un mantra, no compartimos pero respetamos, como si repitiéndolo muchas veces pudiéramos, al fin, respetarlos. Porque que no compartíamos no compartíamos.
*Recuerdo: la música, el polvo, el agua bendita, la verguenza, la verguenza, la verguenza.
*Todo terminó en la iglesia de El Hoyo. Fuimos algunos domingos y de a poco, como una gripe, el fervor místico fue cediendo. En la iglesia, los domingos fríos de mayo, éramos pocos: algunas viejas chupasirios; Pañil, el viejo desdentado y desagradable que pasaba buscando limosna y si no le dabas te golpeaba el brazo con la bandeja vacía; y la familia de Julián: sus hermanas y su mamá y cada tanto su papá. Nosotros, los chicos, entrábamos con la cabeza gacha y con el chirrido de las ruedas de la silla de ruedas como himno. Nos sentábamos lejos del altar, y rezábamos, sí, para que no nos viera nadie.
*Ahora nos acordamos y sonreímos. De última, no había nada que perder.
sábado, enero 10, 2009
sábado
y en Jesús María hay festival de doma y folclore y un payador explica por qué el domador tuvo que ser asistido y el caballo sigue galopando y corcoveando ahora más liviano pero con la misma cantidad de instinto y miedo y odio,
y en el medio de El Hoyo empieza la fiesta de la fruta fina sin domadores ni Giordano aunque con payadores y personas que dicen incoherencias y folclore y autoridades presentes y olor a choripán,
y el ruido de los parlantes llega hasta la chacra arrastrado por el viento y en la casa en la tele están Giordano y Teté y el verano que estalla mientras a la noche los bichos caminan en la ventana y mueren ciegos en alguna luz.
jueves, enero 08, 2009
jueves
es de dónde vienen
esos insectos negros
que avanzan como
el batallón de un ejercito
en retirada
por el piso
de cerámicos encerados.
La segunda: a dónde van.
miércoles, diciembre 17, 2008
miércoles
***
Dormimos los tres en el mismo cuarto en el que dormí desde los ocho hasta que me fui. El cuarto que fue mío y de Martín hasta que Martín empezó a tener que dormir con alguien y se fue al cuarto de huéspedes. El cuarto de la alfombra azul y paredes con empapelado a rayas donde colgamos un poster de la revista 13/20 que de un lado tenía a Marley y del otro a Nirvana y que dábamos vuelta según nuestro estado de ánimo. El cuarto en el que enchufábamos los equipos de audio y con los micrófonos y a oscuras nos quedábamos hasta entrada la madrugada cantando canciones gregorianas o budistas o apenas gritos y sonidos guturales sin ningún objeto ni métrica ni armonía y que nos hacía lagrimear los ojos ciegos por la noche. El cuarto que cuando hay viento y la casa se transforma en la nave que surca el océano Pacífico se vuelve mascarón de proa y acá aparece una ola y allá otra, y nos acostamos en la cama y apretamos los ojos con fuerza como si así pudiésemos evitar el naufragio, y algo de eso debe haber, porque al otro día sale el sol y todo está en su lugar.
sábado, noviembre 22, 2008
domingo, noviembre 16, 2008
domingo
*Los ruidos, las manos, las uñas, los ojos, el pelo, los pies, las piernas, el culito, el ceño fruncido, la nariz -primero con pintitas blancas, ahora cada vez más estilizada-, los movimientos, el hipo, las orejas -la que tiene chueca y la otra-, la boca -sobre todo la boca-, la lengua que se dobla cuando llora, los estornudos, los bostezos.
*Sí, casquete-polar-que-cruje-y-tiembla-y-se-derrumba, las pelotas. La ciudad se nos viene encima y podemos usar metáforas de las más variadas y locas, pero cuando el martillo neumático que derrumba el edificio vecino empieza a hacer temblar todo a las ocho de la mañana, y los cuarenta grados centígrados amenazan con derretirnos, y por las noches el reguetón del vecino avisa que lo que pasó pasó por enésima vez, imaginamos el río corriendo hacia el Pacífico, el pasto verde, un gin tonic en la vereda y el silencio, sobre todo el silencio, y nos preguntamos ¿qué era que estábamos esperando acá, en este infierno llamado Buenos Aires?
*La demolición nos tomó por sorpresa. Primero fue un post it en el ascensor que decía que "aparentemente" iban a empezar en los próximos días. Después, tres obreros de la destrucción, con cascos y mamelucos, mazas y picotas, empezaron a golpear mientras charlaban: "¿che, al final ganó Obama o el otro?". Avanzaban de a poco, hacían asados largueros y tomaban hectolitros de cocacola: una manera de destruir hasta enternecedora. Después llegó el martillo neumático y, como dijo Brecht, fue demasiado tarde. El nombre de la empresa es Deconstrucción. Si no los odiara tanto, me daría gracia.
*El ombligo salido para fuera, la panza redonda, los pliegues por todos lados, su respiración cuando está dormido, su respiración cuando está despierto, el olor de su cabeza, el olor de sus pies, la piel que se le descascara, los movimientos de sus brazos hacia arriba como un Perón en el balcón, pero dormido en un cochecito de paseo, sus dedos babeados de chuparselos, las cejas casi transparentes, los remolinos en el pelo como un trigal en un día ventoso, ese puntito en el medio de la boca, la mancha roja en el hombro izquierdo, las vértebras dándole forma a la columna, que es casi un chiste, los codos, las rodillas.
*Anoche soñé con Martín después de mucho tiempo de no soñar con él y otro tanto de no soñar ninguna otra cosa interesante. Estábamos en la casa de alguien en el Bolsón, era de noche: una fiesta o una reunión. Martín estaba ahí y en un momento nos fuimos los dos a un rincón a charlar. No sabés lo que te extraño, le dije. Qué lindo, respondió. Y agregó: la tienen que pasar bien, muy bien. Estaba con un buzo gris y la espalda chueca. Nos abrazamos un rato largo y sentí sus costillas, le toqué el pelo y olí a esencias de eucalíptus y menta -aunque en los sueños no sé si se huele, pero cuando desperté lo recordé así-. Después nos subimos a la trafic: no arrancó. Me dijo, riendo, con los labios torcidos como reía, pará, levantá el cebador y pisá tres veces el acelerador, esperá un poco y ahora sí. Y entonces sí. Avanzamos despacio por un camino de ripio con charcos marrones, con el cielo clareando hacia el este. Los ojos llorosos y una sensación de alegría tan grande como tenerlo a Juan cerca.
*Después, cuando desperté, antes de ducharme, puse Nick Cave. En el momento no lo pensé, pero después todo tuvo sentido. Mientras el australiano gritaba an eye for an eye a tooth for a tooth and anyway I told the truth and I'm not afraid to die, volví a ese trece de diciembre y al calor sórdido y al dolor profundo, al olor a tierra y el vértigo y las lágrimas y los abrazos inconsolables y las palabras vacías y entendí algo que ahora no sé bien qué fue pero que de alguna manera extraña me reconfortó y llenó de paz o algo parecido.
*Las mil caras que pone como fotogramas vistos en cámara lenta, los suspiros, y saber que está ahí, durmiendo, a un brazo estirado de distancia.
miércoles, octubre 22, 2008
jueves
*El azar, o algo parecido, hace que en esa minúscula habitación del Hospital Italiano haya cinco personas de las cuales tres son hinchas de Independiente. Las otras dos se reparten entre: "no me importa el fútbol" y "soy de Michigan, Estados Unidos". Celebramos la coincidencia, mientras Noelia, la partera, sigue hablando.
*Terminamos de hacer cosas y decimos: ahora sí, esto es lo que estaba esperando. Ordenamos el cuarto y los armarios, armamos la cuna, cambiamos de lugar el living, mudamos la tele y la mesa y el sofá y la biblioteca, ordenamos la ropa por tamaño, ponemos las toallas y las sábanas en unos ordenadores muy prácticos, salimos a caminar y vamos al cine, tomamos helado y decimos: ahora sí, esto es lo que estaba esperando. Y nada.
*Octubre, el mes de las revoluciones, es hasta ahora una masa amorfa de días que se suceden en ese estado pegajoso y somnoliento que es la espera. Hacia adelante, un deadline metafísico, un horizonte de expectativas, y lo inminente que acecha con la forma vaga que adquiere lo desconocido. Pero la pasamos bien. Dormimos en el living, en el sofá cama, y nos sentimos de vacaciones. En la tele, algún episodio de Seinfeld.
miércoles, octubre 08, 2008
miércoles
***
La primera era todo terreno. Coshics era alguien o algo ridículo; coshics era una frase desubicada, un dibujo mal hecho; coshics era alguna acción que inspirara pena o ternura o las dos cosas juntas; coshics era decir: "soy el más loco del aula", o "parecemos adolescentes". Coshics éramos nosotros, mientras nos hundíamos de a poco en el pantanoso terreno del ridículo.
***
Veíamos sin parar películas de cowboys. Algunas graciosas, como las de Trinity, otras terribles como la de Ulzana, otras épicas, como las de Wyatt Earp, otras incomprensibles, como las de Clint Eastwood. Leíamos Lucky Luke y el teniente Blueberry. Cantábamos I'm a poor lonesome cowboy / And a long long way from home.
***
Y de por ahí viene garetón, la otra palabra. Viene de Pat Garrett, aquel cowboy que primero fue un forajido y después se volvió sheriff para alcanzar finalmente la fama como aquel que mató a Billy The Kid. En algún momento, en alguna película, Pat hace algo heroico, desinteresado, y se va sin más, ante la mirada impávida de los testigos que apenas pueden balbucear: "se fue sin decir su nombre". Garetón, entonces, era eso: ser tan canchero, tan grosso, y después, impertérrito, hacerse el distraído. Meter un gol de chilena, ponele, y levantarte como si nada hubiera ocurrido. Ah, garetón, qué te hacés.
miércoles, octubre 01, 2008
jueves
En la terraza, sol y pajaritos y también martillos y sierras. Cuelgo la ropa y espero a ver si toma algo de color la cabeza rapada. De la nada aparece Cristian con un mate listo. Pollito, dice, ¿te tomás un verde? Y dale. El mate está dulce, muy dulce. Y hablamos. Cristian me mira: deberías salir a correr, con esto de la paternidad juntás kilos a lo loco, te contagiás de la quietud del bebé y de repente estás todo hinchado, lento. Te va a venir bien, vas a ver. Cierra los ojos, encandilado, se acomoda el pelo negro y se va.
*Octubre, lindo mes para revoluciones, escribió padre hace tanto tiempo en una carta que mandó a sus seres queridos. No hubo revoluciones, ni en ese octubre ni en los que vinieron después. Pero la frase, el slogan, quedó grabado a fuego en mi cabeza.
En enero de este año, para inaugurar la agenda y ponerle algo de dramatismo al año, pasé las páginas en blanco -días a estrenar- y llegué hasta comienzos de octubre. Allí, en el día 1° escribí: Octubre, lindo mes para revoluciones, en tinta azul, despreocupada. Mientras lo leo, hoy, un escalofrío me recorre la espalda.
*En esa habitación helada que llamábamos Siberia nos quedábamos horas y horas hablando antes de quedar dormidos. Las conversaciones tenían nombre: eran las very very importants y versaban, más que nada, sobre las chicas, un poco menos sobre compañeros de clase, y por último, sobre temores, miedos, angustias. En fin: sobre las cosas very very importants que pueden hablar dos amigos, de noche, antes de dormir.
Una noche, cuando íbamos a tercer grado, dije, convencido: "soy el más loco del aula". Migui hizo un silencio que duró un rato largo. Creo, incluso, que fue lo último que dijimos y nos dormimos de a poco, callados, incómodos. No sé en qué me basaba para tamaña afirmación, pero lo cierto era que lo pensaba. Estaba convencido de mi rebeldía y locura. Cada tanto nos acordamos y nos reímos.
lunes, septiembre 29, 2008
lunes
viernes, septiembre 26, 2008
viernes
Me vi entrar a la casa de pisos de madera y dejar los zapatos afuera. Me vi sentado en la reposera, pensando. Me vi escribir esto desde un escritorio vacío, con un dibujo de hijo como único adorno. Desde allí arriba escuché los ruidos de una casa habitada.
viernes, septiembre 05, 2008
viernes
("Son, son, son, here it comes")
martes, septiembre 02, 2008
mujeres (II)
*Claudia me dijo que usaba mucho internet para mantener la pareja. Después rió. Estábamos en el Rosedal, era un día de semana con mucho sol y cielo celeste. Mientras ella posaba con los patines, un shorcito blanco y un pequeño top, la gente se acercaba a mirar. Varios se sacaban fotos: alejaban una mano y se enfocaban, en un ejercicio de pura intuición. Con la mano alejada apretaban el disparador: en el cuadro, ellos -cada uno-, solitarios, con un brazo largo que se pierde por detrás del obturador y, a lo lejos, el culo de Claudia, que un día dijo uy como estoy y listo, lo consiguió, llegó.
*Cinco días después, Claudia me llamó al celular. Yo acababa de despertar de una siesta y estaba esperando el 36, el peor colectivo de la galaxia. El teléfono decía: Claudia, y su número, y el ruidito que hace el teléfono cuando recibe una llamada. Atendí. Ella lloraba. Me decía sos un hijo de puta, como pudiste hacerme algo así, yo te hablé con sinceridad, te dije que era una nena, que no hacía cosas para llamar la atención. Y era cierto, Claudia cultivaba el perfil bajo. Y yo no tenía ni idea de qué me hablaba. Le dije: de qué me hablás. Y respondió: no te hagás el gil. Y le dije: no me hago el gil, no sé de qué me hablás. Me contó: pusiste de título que yo tenía sexo por chat con mi novio. Reí. No, tontita, yo no puse ese título. Yo puse un título mucho más buena onda, que al parecer al editor no le gustó tanto.
*Claudia tragó los mocos y dijo: ahora tenés que arreglar lo que hiciste. Le dije que sí, que claro, que no se preocupe. Suspiró y cortó.
*Unos quince minutos más tarde, el 36 dobló en Julián Alvarez. Venía hasta la manija.
(Esto es algo así como la continuación, un año después, de la serie iniciada con Moria. ¿Habrá más?, nunca lo sabremos.)
martes
Sra. Smith. -¿Pero quién cuidará de sus hijos? Sabes muy bien que tienen un muchacho y una muchacha. ¿Cómo se llaman?
Sr. Smith. -Bobby y Bobby, como sus padres. El tío de Bobby Watson, el viejo Bobby Watson, es rico y quiere al muchacho. Muy bien podría encargarse de la educación de Bobby.
Sra, Smith. -Sería natural. Y la tía de Bobby Watson, la vieja Bobby Watson, podría muy bien, a su vez, encargarse de la educación de Bobby Watson, la hija de Bobby Watson. Así la mamá de Bobby Watson, Bobby, podría volver a casarse. ¿Tiene a alguien en vista?
Sr. Smith. -Sí, a un primo de Bobby Watson.
Sra. Smith. -Quién? ¿Bobby Watson?
Sr. Smith. -¿De qué Bobby Watson hablas?
Sra. Smith. -De Bobby Watson, el hijo del Viejo Bobby Watson, el otro tío de Bobby Watson, el muerto.
Sr. Smith. -No, no es ése, es otro. Es Bobby Watson, el hijo de la vieja Bobby Watson, la tía de Bobby Watson, el muerto.
Sra. Smith. -¿Te refieres a Bobby Watson el viajante de comercio?
Sr. Smith. -Todos los Bobby Watson son viajantes de comercio.
Porque no es nada fácil seguirles la huella por ese farragoso camino rodeado de nombres y apellidos que se unen a otros nombres y apellidos y a veces a profesiones y a recuerdos en común. Recuerdos en común que, claro, para nosotros son como cuando Bobby Watson fue a la casa de Bobby Watson y se encontró con Bobby Watson. Indeed.
*Ionesco, E. "La cantante calva". Antipieza.

